martes, 20 de diciembre de 2011

Lo importante, lo desafortunado y lo peligroso

Lo importante, lo desafortunado y lo peligroso

 
Por Hernán Brienza


 
Lo importante. Después de casi dos años de intentonas por parte de la oposición y el descosido Grupo A de paralizar la gestión de gobierno en el Parlamento –objetivo no cumplido, entre otras cosas, por desinteligencias y contradicciones de la propia oposición y por la vocación emprendedora del Ejecutivo nacional–, el Congreso ha vuelto a trabajar con una premura inusual. En apenas una semana del renovado mandato de Cristina Fernández de Kirchner, Diputados –en sesiones extraordinarias– dio media sanción a varias leyes que el kirchnerismo tenía en agenda: ley de tierras, la declaración de interés público de la producción de papel prensa, el Estatuto del Peón, el Presupuesto 2012, la ley de delitos bursátiles, entre otras. Y seguramente irá por más en los próximos meses; lo que incluye, claro la conformación de las comisiones legislativas cuando estas seas renovadas, ya que, recordemos, fueron tomadas por asalto por el Grupo A, tras la derrota kirchnerista en las legislativas de junio de 2009. Es posible que ahora, entonces, las cosas vuelvan a equilibrarse.

Pero más allá de los infortunios de la oposición en el Parlamento –que intentó, además, utilizarlo como una caja de resonancia mediática para sus operaciones políticas– la experiencia de estos dos años deja algunas dudas sobre la capacidad operativa del actual sistema de gobierno presidencialista. En cualquier manual de Ciencia Política se advierte que el parlamentarismo es más flexible e inestable pero menos eficiente y que el presidencialismo es más rígido y estable –aunque con más tendencia a quebrarse– pero mucho más eficiente si el Poder Ejecutivo y la mayoría parlamentaria pertenecen al mismo partido político. Y también alertan que cuando son de distinto signo partidario el riesgo de parálisis gubernativa es muy alto. Estos dos años de disparidad entre ambos poderes han demostrado los riesgos del presidencialismo en esta cuestión –sobre todo cuando la oposición lleva adelante una consciente estrategia de impedimento a la gestión del Ejecutivo más que de control de los actos de gobierno– y, también, han permitido a la sociedad diferenciar entre las distintas oposiciones, premiando electoralmente a aquellas más dispuestas a colaborar con el sistema que a otras que se entretenían con el no siempre feliz método de poner palos en las rueda.

Esta semana volvió el vértigo parlamentario –no sin algunos prepoteos por parte del oficialismo a los legisladores opositores que levantaban la mano para dilatar con discursos floridos la aprobación de las leyes; prepoteos justificados sólo por el afán de devolución de favores por los dos años de devaneos y dilaciones parlamentarias– y el país puede contra con dos leyes fundamentales: a) la ley de extranjerización de la tierra, que le permite al Estado tener el conocimiento de quienes son los verdaderos dueños del suelo argentino, limitar la propiedad en manos foráneas, y, por último, proyectar con ese conocimiento políticas a mediano y largo plaza en recursos estratégicos como serán en pocos años más la producción de alimentos y el agua natural, y b) la democratización de la producción de papel para diarios, el complemento necesario en materia gráfica de la Ley de Medios Audiovisuales, a través de la creación de comisiones de legisladores y de diarios de las provincias que puedan monitorear lo que hasta ahora era un mero coto de caza de los diarios Clarín y La Nación en detrimento del Estado y del sistema comunicacional de todos los argentinos.

Lo desafortunado. Una máxima en toda disciplina que estudie el poder dice: “Todo poder genera un contrapoder.” La legitimidad arrolladora que recibió en octubre pasado la presidenta en las urnas había logrado desarticular toda pretensión de disputa opositora dentro del sistema de partidos. Tanto la UCR, como el Peronismo Federal o la Coalición Cívica habían quedado invalidados con sus magros resultados para ejercer, no ya una oposición sólida, sino también desacreditado en el ágora, en el escenario público de las discusiones y debates. Desde cualquier sector de la tribuna, cualquiera podría chicanearlos sólo recordando el brevísimo porcentaje de votos obtenidos en las elecciones pasadas. Además, ese 54% de votos fue un mensaje clarísimo para los factores de poder reales, como los grupos económicos –que se dan cuenta rápidamente dónde les conviene ponerse para que los caliente el solcito de los negocios–o los medios de comunicación dominantes como Clarín y, en menor medida, La Nación. Si uno hubiera analizado la cuestión fríamente se habría dado cuenta de que no era posible que surgiera el contrapoder de otro lado que no fuera el peronismo. No me refiero a una contradicción fundamental, sino a un mero conflicto de intereses políticos, económicos, personalistas, por nombrar algunas causas. Hugo Moyano ocupa el lugar que ocupa hoy, justamente, porque no hay otra oposición fortalecida. No hay “espanto” que una a los distintos sectores del peronismo, entonces, hay lugar para las rencillas insignificantes como armados de listas, sospechas paranoicas cruzadas, preocupaciones por “las cajas”, dimes y diretes, que me miró, que no me miró, que por qué no me llama. ¿Son las obras sociales el verdadero motivo de las peleas? ¿Quiere el gobierno reformar el sistema de salud hacia un sistema universal? ¿O se trata, simplemente, de una profecía autocumplidora, como la del marido que acecha tanto a su mujer con que esta lo engaña, que ella termina metiéndoles los cuernos, para por lo menos, ya que tiene que aguantar el rosario de reproches, pasarlo un rato bien con otro?

Moyano es el gran perdedor de la semana a mi humilde entender. En política, quien patea el tablero pierde, porque el que gana, claro, es el que ya se quedó con el tablero. O mejor dicho lo patea el que no tiene posibilidad de hacer otra cosa. El problema es cuáles son los puntos de fuga que tiene hoy el actual líder de la CGT: a) Refugiarse en lo meramente reivindicativo y sindical, ya que ha obturado su paso a la política tras renunciar al PJ, un instrumento cuadripléjico pero que permite, al menos, mantener una ligazón institucional con otros actores políticos. El repliegue hacia la estructura sindical lo deja al líder camionero más cerca de ser un poder real –¿una corporación?– que un líder político con peso propio. B) Aliarse con el sector de los Gordos, es decir Luis Barrionuevo, Armando Cavalieri, y otros, lo que lo pondría al límite de desnaturalizarse ideológicamente y borrar con el codo casi dos décadas de lucha contra el neoliberalismo. C) Complica su alianza estratégica con Hugo Yasky, líder de la CTA, un hombre que está muy cercano al modelo nacional y popular. D) Lo vuelve a enfrentar a la sociedad –siempre dispuesta a deshacerse de todo lo que huela a gremialismo–, incluso a aquellos sectores “progres” a los que había conseguido simpatizar con su apoyo al kirchnerismo. Y lo complica, también, porque no es cierto que la clase trabajadora respalde en bloque a los liderazgos sindicales. Muchos sindicalistas están desprestigiados incluso en los sectores del trabajo y los más humildes. Por lo tanto, la visión clasista no concuerda hoy con la realidad como sí podía hacerlo, por ejemplo, en los ’60 con el peronismo proscripto. E) Moyano, ¿dónde se va a refugiar políticamente en los próximos años? ¿En el sciolismo? ¿En el macrismo? ¿En el urtubeísmo? También hay que decir que la presidenta de la nación pierde, en cierta medida, en el enfrentamiento porque, sin dudas, el sector de la CGT liderado por Moyano es el más interesante dentro del Movimiento Obrero Organizado junto a la CTA de Yasky como soporte del modelo nacional y popular.

Lo innecesario. La discusión sobre la paternidad/maternidad del modelo. La utilización del “peronómetro” como herramienta discursiva supuestamente legitimadora. Las acusaciones valorativas y morales entre militantes, cuadros y dirigentes de un lado como del otro. El surgimiento del “gorilómetro” como única refutación argumentativa. Los doble-discursos, los cambios repentinos de discursos, las chicanas, las deslealtades, las intenciones espurias.

Lo peligroso. Días antes del autoacuartelamiento policial, la página de servicios de inteligencia residuales Seprin convocó al levantamiento para pedir mejoras salariales y de condiciones laborales. Finalmente, se produjo en respuesta a la decisión del gobernador Daniel Scioli de actuar con celeridad K contra los seis infantes que reprimieron brutalmente a los militantes de La Cámpora en La Plata. ¿Podrá desprenderse el gobernador de un ministro de Seguridad como Ricardo Casal que lo pone constantemente en problemas? Y por último, teniendo en cuenta los acontecimientos del año pasado en Ecuador, ¿no sería hora de retomar las políticas de modernización de la fuerza de seguridad más poderosa de la Argentina? De todos modos, el incidente dejó algo bueno: Scioli y Gabriel Mariotto se entendieron como nunca.

Fuente: InfoNews

domingo, 4 de diciembre de 2011

UN ANÁLISIS DEL DISCURSO IDEOLÓGICO DE LA OPOSICIÓN




Guste o no a muchos, Sarlo es una de las pocas intelectuales de la opocisión y nos permite observar el marco ideológico y de pensamiento de varios sectores dominantes que se ven representados en sus palabras mediáticas, ya sea por televisión o en este caso por su libro "La audacia y el cálculo".
El siguiente análisis de Nicolás Vilela y Violeta Kesselman nos sirve para conocer un poco más acerca del ordenamiento de sus argumentos y las ideas que se esconden en sus formas, ya sea en sus "audaces" frases peyorativas y en sus reflexiones irónicas que incluso pueden confundir a un lector. De todos modos, lo importante es darnos cuenta no sólo de la retórica sino de las ideas que estan en el origen del discurso. Quienes se representan, probablemente sean parte de los distintos sectores de la derecha reaccionaria como asi tambien de la izqueirda tradicional. Son los que utilizan sus dichos para criticar al gobierno nacional pero principalmente para deslegitimar las reivindicaciones de los sectores populares, de los trabajadores, de los jóvenes, de los que vienen luchando hace muchos años. Probablemente es la incapacidad de modificar o ampliar su marco de pensamiento a la interpretación de los nuevos acontecimientos históricos. Horacio González habla de reconfiguracion social en el seno de lo social. 
Quizá Sarlo no quiera ocuparse de ese complejo nivel de análisis y prefiere el análisis segmentado y posmoderno, que precisamente es el más rentable.


Monteaguda


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Sarlo vs. Merklen


Una lectura de La audacia y el cálculo, último libro de Beatriz Sarlo. Adjetivos, descripciones y problemas de método. La sociología de Denis Merklen como salida al atolladero de la crítica cultural pre y pos moderna.


por Nicolás Vilela, Violeta Kesselman


1. “Sólo queda afuera de Celebrityland quien se retire del mundo”

La muerte de Néstor Kirchner catalizó la publicación de una cantidad de libros que se sumaron a la bibliografía ya existente sobre el kirchnerismo. Entre todo ese corpus, se destaca La audacia y el cálculo, de Beatriz Sarlo, la única intelectual cuya lucidez es señalada consensualmente por exponentes tanto de la derecha como de la izquierda. Con una larga y muy fructífera carrera académica en relación a la literatura argentina, y con una filiación política que empezó en el maoísmo del Partido Comunista Revolucionario, tuvo un muy breve paso por el peronismo en los 70 y finalmente se decantó hacia el alfonsinismo y el Frepaso (siendo su último avatar la solicitada en favor de la candidatura de Hermes Binner), Sarlo construyó un lugar ligado al progresismo que en la actualidad critica al gobierno desde el foco de la cultura. La audacia y el cálculo es el libro en que se dedica a pensar específicamente la figura del ex presidente tras haber puesto un pie en la prensa grande escribiendo sobre política.

Sin embargo, aunque el subtítulo sea Kirchner 2003-2010, aunque en la contratapa se lo mente una y otra vez (“Despótico, decidido, autoritario…”), y aunque su imagen aparezca en la portada, lo cierto es que el análisis sobre el ex presidente y sobre los núcleos centrales de la política kirchnerista (la resolución 125 o los avances en materia de derechos humanos) recién empiezan promediando el libro, después de más cien páginas dedicadas a Gran Cuñado, los blogs en general y la “blogósfera kirchnerista” en particular, los tweets de Aníbal Fernández en contraste con los de Macri o el vestuario de la presidenta. Además, según ha señalado especialmente la nota de Horacio Verbitsky en Página/12, los análisis parten de una serie de errores fácticos, lo que les quita precisión. Por el contrario, los desgloses previos acerca de la gramática, la sintaxis y el léxico de los medios y las redes sociales son muchas veces correctos en sus observaciones formales, aunque también muchas veces no pertinentes respecto del tema del libro. ¿O es que resultan pertinentes en calidad de fenómenos satelitales del kirchnerismo? En ese caso, no se entiende por qué no fueron igualmente considerados otros fenómenos de coyuntura como la sintaxis informativa de TN y Clarín (que no merece ninguna mención) o el caso Papel Prensa (que sólo merece un abigarrado paréntesis). La desorientación continuará, a menos que se invierta la fórmula y se trate de leer qué es lo que evidencia ese planteo de la composición general del libro. Si los señalamientos acerca de los medios ocupan más espacio y resultan más precisos que los que hacen a la política en sentido estricto, quizás no se deba sólo al hecho de que la crítica cultural sea el terreno de origen de Sarlo. Podría pensarse que hay algo más: la tesis general del libro sería, en esa perspectiva, que lo realmente significativo del período 2003-2010 no es el kirchnerismo, sus distintas acciones de gobierno y la renovada movilización social, sino… el imperio de los medios sobre la sociedad y la política. Nueva desorientación del lector: todo eso, según creíamos, era algo que había sucedido durante los años 90.


En la actualidad, suena un poco extemporáneo reducir la esfera pública a un programa de televisión privado (o bien a “Celebrityland”), sobre todo después de diciembre de 2001, la recuperación del rol del Estado y el reinicio de los juicios por los crímenes de la dictadura (entre otras cuestiones). El empleo de itálicas para marcar distancia respecto de términos muy incorporados al uso, como zapping o tweet, subraya este efecto, y hasta fuerza la pregunta acerca de quién es el lector hipotético del libro, dado que se escribe como si estuviera dirigido a un público de una franja etaria no familiarizada con la tecnología. En el mismo sentido, si la idea de farandulización de la política recuerda a los argumentos propios de gran parte del progresismo resistente durante los años de Menem, se debe a que esos son, justamente, los lugares que Sarlo quiere para el kirchnerismo y para sí misma: el gobierno iniciado desde el 2003 se diferenciaría poco y nada del menemismo frívolo, su lógica es “la lógica binaria de los medios”, y ella sigue siendo la intelectual que critica el vaciamiento de la dimensión política. Sin embargo, ese extenso análisis inicial (que prepara el terreno para leer, páginas después, un kirchnerismo “farandulizado”) revela también una fascinación con los medios propia de una lectura posmoderna pura y dura de la realidad, según la cual la política se juega ahí, en la instancia mediática, y no en la negociación de conflictos sociales y económicos a través de medidas concretas y movilización. Sarlo ha hecho de la crítica a la posmodernidad un bastión fuerte de su carrera intelectual; ahora, al revés, hace una lectura posmoderna y ése es su bastión contra el kirchernismo.

2. “Cristina Kirchner no ha entendido esto bien”

Las observaciones sesgadas o no asistidas por una justificación continúan durante todo el libro. Por citar dos ejemplos: se menciona que el peronismo, “a diferencia del radicalismo, siempre se metió con los medios”, descontando señalar las diversas intervenciones y manipulaciones de la Junta Coordinadora de Enrique Nosiglia durante la presidencia de Alfonsín (ver El Coti, de Darío Gallo y Gustavo Álvarez Guerrero, que salió por Sudamericana en 2005); se escribe que el imaginario mediático de “Celebrityland” tiene una influencia muy importante, contradiciendo el dictum, pronunciado durante su participación en 6,7,8, según el cual hace mucho tiempo que los medios han dejado de tener influencia sobre la población (la argucia de esa contradicción es evidente: Tinelli influye, por lo tanto idiotiza, pero TN no influye, por lo tanto no hay cargo para imputarle).

Ese conjunto de imprecisiones debe vincularse a la indecisa posición enunciativa que adopta Sarlo en sus líneas. “Para entender hay que describir”, redacta, mientras con la otra mano interpreta, juzga, descalifica, en oraciones de claridad cartesiana que a veces disimulan mal el tono crispado traducido en hipérbole: “ser progresista”, ironiza sobre los Kirchner, “es violar todas las leyes y normas y necesidades del federalismo”. Sarlo califica y no califica los objetos de descripción alternativamente; esa decisión le asigna al libro un plus de arbitrariedad que no se condice con las críticas al kirchnerismo. Resulta más confuso todavía que frases cargadas hasta la médula de connotaciones peyorativas sean camufladas como enunciados objetivos. El escamoteo busca construir un lugar de enunciación más allá de los tironeos de la política, lo que en este caso es impracticable desde el vamos.

Volvamos al imperativo antes citado: “Para entender hay que describir”. La preocupación casi obsesiva del libro es entender todo lo que ocurre a su alrededor en tiempo presente, lo cual sería elogiable si no fuera porque su consecuencia a nivel de la enunciación es el permanente reparto de atribuciones: “Kirchner entendió mucho de política”, “La ropa pública no es una acción privada. Cristina Kirchner no ha entendido esto bien”, “Artemio López es un viejo peronista que entiende perfectamente este potencial” (se refiere a los blogs), “Eso es entender a la perfección las reglas de Celebrityland”. El objeto de análisis y comprensión va cambiando, pero lo que no cambia es el lugar de enunciación omnisciente, que todo lo comprende, y desde el que resulta natural escribir la siguiente humorada autocontradictoria: “Quisiera que los siguientes calificativos fueran leídos descriptivamente: abigarrado, ampuloso, barroco, pesado, falto de claridad conceptual, demasiado engamado o de un cromatismo chillón. Así se vistió, hasta la muerte de Kirchner, el cuerpo ceremonial del Estado”. Que se haya entendido mejor o peor el canon según el cual la presidenta debería elegir su indumentaria no resulta, en todo caso, tan relevante; importa más en cambio cuando esa enunciación autosuficiente, pre o posmoderna (ya veremos) e imprecisa, aborda la relación del gobierno con las clases populares.

3. ”La relación del kirchnerismo con las organizaciones sociales consistió básicamente en cooptar a sus dirigentes con cargos en el Estado y paquetes de planes sociales y mantener el nivel conflicto lo más bajo posible”

La fijación con los medios de La audacia y el cálculo no construye sólo un kirchnerismo frívolo. Apunta, también y de manera más estructural, a ofrecer una imagen decadentista de la sociedad -especialmente de las clases populares. La argumentación hace pie en el consumo cultural y se dispara hacia otras esferas. Por ejemplo, y sin escalas, al terreno ético: Sarlo señala que la cabeza de Maradona “se moduló en el cruce de Fiorito y el país de la fama, una tierra donde se puede hacer cualquier cosa mientras se adore a los hijos y a la madre”, lo que implica: superficialidad y sentimentalismo de las clases populares, pues ellas también están, recordemos, configuradas según los patrones de los programas de farándula que consumen. El lugar de “fiscal de la cultura” que adopta Sarlo (simétrico al de “fiscal de la república” que ella ve en Verbitsky) le permite exponer esta conclusión sin necesidad de matizarla. De hecho, la misma forma del enunciado obstruye esa posibilidad, ya que la frase parece pertenecer menos al terreno de la observación sociológica fundamentada que al de la opinión.

La ecuación que propone el libro es simple: las clases populares prefieren Celebrityland, y Celebrityland idiotiza; por lo tanto, al no mostrar interés por nada que escape a esa pauta de consumo, las clases populares se encuentran despolitizadas. En efecto, si “el ocio configura de modo bien profundo las costumbres y capacidades (…), los umbrales de tolerancia a la dificultad, la disposición a encarar cuestiones menos simples”, raramente quien elija ver programas frívolos en su tiempo libre podrá dedicarse a la complejidad que implica la dimensión pública. La degradación cultural tiene así su correlato en la completa pasividad política.

A Kirchner, leemos, “no lo conmovían los principios que conmueven a una izquierda del siglo XXI: la dignidad y autonomía de los miserables. Los entregó atados a los caudillos que, a su vez, se le sometían”. Es secundario el hecho de que Sarlo no mencione medidas como la AUH o el plan “Un alumno, una computadora”, una de cuyas características principales es dirigir recursos del estado a los sectores populares sin mediadores; lo fundamental aquí es que el tono patético trae hasta el lector el omnipresente fantasma del clientelismo, concepto seudoexplicativo de casi todos los males de la Argentina (que también aparece en la solicitada a favor de Binner). El subtexto de ese término, por si hace falta repetirlo, es que las clases populares están sujetas a un esquema de intercambio de favores por votos que les impediría ejercer un sufragio “libre”, “ideológico”; desde una visión metonímica de la política, la consecuencia sería que estos sectores votan con el estómago o el bolsillo y no con la cabeza, en una suerte de ciudadanía imperfecta opuesta a la ciudadanía libre de determinaciones de las clases medias y altas. Y sólo así, por la negativa a reconocerle a los sectores populares una politicidad activa y una capacidad de organización virtuosa, se explica el comentario de Sarlo acerca de la marcha del 24 de marzo de 2010, en la que “prácticamente todo el espectro del progresismo estuvo para representar la continuidad histórica entre las organizaciones de derechos humanos y decenas de agrupaciones políticas y sociales a las que se agregó, como novedad de último momento, una Juventud Sindical de la CGT, que no se había visto antes en manifestaciones de este tipo. Sin embargo, para quien ha visto muchas ´plazas´, lo nuevo era el nucleamiento de 678 Facebook”.

La frase concede y al mismo tiempo niega: sí, la JS fue algo novedoso, pero no tanto como el grupo de clase media reunido a través de Internet y la televisión, fetiches argumentativos de La audacia y el cálculo. El desconocimiento (cercano al ninguneo) de la transformación política que supone el compromiso con los derechos humanos de una rama joven y muy activa del sindicalismo peronista, liderados por un dirigente que construyó un sindicato desde la base (el de Trabajadores de Peajes y Afines), sólo se puede entender si pensamos en que, para Sarlo, lo que hacen las clases populares no es del todo política, o al menos siempre se verá deslucido ante las manifestaciones de los otros sectores.

El inconveniente de esta posición es que no sólo resulta sociológicamente poco productiva (por ejemplo, como señala la politóloga María Esperanza Casullo -click aquí-, es difícil de cuantificar cómo el clientelismo afecta el devenir de la política) y problemática en términos ideológicos, ya que restringir la política “libre” a los sectores medios y altos de la sociedad supone una lectura más antipopular que antipopulista. Además, indica una desactualización en términos teóricos. Hoy en día, [hasta el diario La Nación admite algún matiz a la imagen de las clases populares como pasivas políticamente, atadas a los intereses y conveniencias de dirigentes corruptos (por ejemplo, click aquí, con la puesta en perspectiva del término “puntero”). Más extraño aún resulta que Sarlo no mencione, ni siquiera para rebatirlo, a Javier Auyero, politólogo que con sus trabajos etnográficos viene estudiando (y complejizando) el concepto de clientelismo desde los 90. O, todavía más pertinente, al sociólogo uruguayo-argentino Denis Merklen. Su libro Pobres ciudadanos (del 2005, hay una segunda edición del 2010 por Gorla) desarma la “alternativa errónea” entre clientelismo y ciudadanía postulando, en cambio, que las clases populares están “condenadas a la política” para sobrevivir; esto es, a ejercer presión, a negociar con el Estado, a poner juego capital político y legitimidad social. “La larga y paciente construcción de lazos sociales a nivel de los barrios del conurbano”, escribe Merklen, “fue enteramente ignorada por aquellos universitarios que leían la política en clave exclusivamente ciudadana”.

Este movimiento que señala Merklen se comprueba por partida doble en la frase sobre la marcha del 24 de marzo antes citada. Allí Sarlo logra, extrañamente, hacer a la vez una lectura posmoderna y una lectura premoderna de la realidad. Posmoderna porque lo que importa no son los trabajadores organizados sino los consumidores de TV y los usuarios de la web; premoderna, previa a la Revolución Francesa, porque la política se ubica donde están los ciudadanos “libres” de las clases medias y altas, mientras que hacia abajo sólo hay, como la misma autora define, miserables entregados.

4. “A veces, un flash la asimila a una buena actriz de la televisión representando a una gran mujer política”

Las escasas notas de reconocimiento a los logros políticos de los últimos ocho años aparecen, en el curso del libro, puestas entre paréntesis, subordinadas a una oración principal que las atenúa, objeta o directamente anula, o bien como nota al final de capítulo. Es cierto que la sutileza de esa decisión parece más inteligente que la iracundia de otras figuras públicas que resuelven su deshonestidad intelectual apelando a comparaciones del gobierno argentino con el fascismo. Sin embargo, a los efectos de la polémica, los dos disensos resultan tan estructurales y deshonestos que no se plantea ni siquiera el piso común de lo hecho y de lo que falta por hacer. Lo que se busca es antagonizar permanentemente las posiciones –cosa que no está mal, salvo porque esa disposición al antagonismo es lo que critican, con sentido común republicano, sus propios artículos sobre el kirchnerismo.

En La audacia y el cálculo predominan imágenes de Kirchner y del kirchnerismo cuyo grado de novedad en términos de percepción de movimientos populares y democrácticos es cercano a cero. La adhesión −organizada políticamente o no− al gobierno de diversos sectores sociales, la normalidad electoral con que fueron elegidos sus representantes y las transformaciones tangibles del 2003 en adelante son acontecimientos que la prosa de Sarlo elige desconocer o desdibujar hasta volverlos irreconocibles. A cambio se escribe sobre la “versión inventada para apoyar la ley de medios”, “los sectores medios a los que les tocó el lado bueno de la reactivación”, el “ignorante patetismo” de CFK cuando “reconoció no ser muy sarmientina”, la “rusticidad” del trato de Kirchner o la “violencia estilística de Aníbal Fernández”, contrastantes con Duhalde, quien “practicó la moderación hasta que la policía, en un episodio oscuro, asesinó a los militantes Kosteki y Santillán”. En estas citas del libro, sumadas a las anteriores, el lector reconocerá un compendio de acusaciones que no le resultará históricamente ajeno: incivilidad, ignorancia, impostura, y otra serie de sustantivos con prefijo negador. Nada resulta muy distinto en “Victoriosa autoinvención”, el artículo en que Sarlo analiza la reelección de la Presidenta. Más que analizar el nivel de convocatoria y participación popular en Plaza de Mayo, Sarlo parece estar glosando las líneas de “El simulacro”, aquel cuento de Borges publicado en 1960. No se ve cómo puede pasar por complejo y lúcido un análisis político cuyo punto de partida y de llegada es que el kirchernismo resulta una gran puesta en escena.

Escribía Borges en “El simulacro”: “¿Qué suerte de hombre (me pregunto) ideó y ejecutó esa fúnebre farsa? ¿Un fanático, un triste, un alucinado o un impostor y un cínico? ¿Creía ser Perón al representar su doliente papel de viudo macabro? La historia es increíble pero ocurrió y acaso no una vez sino muchas, con distintos actores y con diferencias locales. En ella está la cifra perfecta de una época irreal (...) El enlutado no era Perón y la muñeca rubia no era la mujer Eva Duarte, pero tampoco Perón era Perón ni Eva era Eva sino desconocidos o anónimos (cuyo nombre secreto y cuyo rostro verdadero ignoramos) que figuraron, para el crédulo amor de los arrabales, una crasa mitología”.

Cincuenta y un años después, Beatriz Sarlo escribe en “Victoriosa autoinvención”: “La Presidenta Viuda fue la protagonista y la directora de la obra, una creación suya y de un grupo muy chico de publicitarios e ideólogos, que la dejó hacer y perfeccionó lo perfeccionable (...) La Presidenta hizo una actuación de alta escuela, mezcla de vigor y emoción; se colocó a sí misma al borde del llanto y se rescató por un ejercicio público de la voluntad. Es la gran actriz de carácter sobre un escenario diseñado meticulosamente por ella misma”. Con semejante desestimación de la voluntad popular, no es extraño que Sarlo termine el artículo de esta manera: “La novedad, por primera vez en la historia electoral argentina, es el lejano segundo lugar del Frente Amplio Progresista, dirigido por Hermes Binner y muy heterogéneo”. Sería falso negar que este segundo lugar ocupado por el partido que apoyó Sarlo es un dato relevante de la noche del 23 de octubre de 2011, pero a los ojos de cualquier lector resulta poco serio que no se mencione, como hicieron absolutamente todos los medios de comunicación, la histórica diferencia porcentual con que se impuso el Frente para la Victoria. Y, además, la estrategia argumentativa elegida implica, de nuevo, una desactualización conceptual: ¿se puede realmente seguir apelando a los mismos argumentos que en 1945, sin incorporar ningún matiz nuevo, en un esquema conceptual blindado con respecto a la realidad? En verdad, tal es la fijación en la idea del simulacro que internet y la televisión son lo único nuevo, ya no del kirchernismo, sino de la propia argumentación de Sarlo con respecto a las formulaciones del antiperonismo clásico.

Parece dudoso, entonces que La audacia y el cálculo sea un libro que nos sirva para entender la coyuntura.

En estos años, desde sectores tanto cercanos al gobierno como contrarios a él, se ha planteado la necesidad de que el kirchnerismo discuta con los intelectuales críticos a su gestión. El debate, en efecto, es una instancia saludable. De todas maneras, resulta importante aclarar previamente el panorama e introducir algunos matices en la politicidad de las clases populares; si no, se corre el riesgo de caer en falsas polémicas o argumentaciones poco sutiles, por ejemplo la de Martín Caparrós, cuyo último recurso, tras el 54% obtenido por Cristina Fernández de Kirchner, consistió en cuestionar la “razón democrática”. Tras décadas de historia argentina y también de peronismo, seguir reduciendo la vida política nacional a una oposición entre clientelismo y ciudadanía, como consignaba Merklen, configura una posición legitimista y simplificadora, hasta el punto en que parece preocupante que figuras intelectuales, para apoyar el armado de Binner en tanto alternativa realmente progresista, adopten como propia esa separación. Lo mismo ocurre con los zapatos de Cristina o el tono de Aníbal Fernández por radio: es cierto que forman parte de la época y por lo tanto deben ser analizados, pero su lugar es periférico y de ningún modo puede convertirse en centro explicativo del presente. Para entender realmente la coyuntura y el futuro próximo, en cambio, se impone un análisis serio y honesto del rol de las clases populares en la política, que vaya más allá de los lugares comunes y el maniqueísmo.

Extraído de la Revista Planta

viernes, 18 de noviembre de 2011

COMUNICACIÓN Y POLÍTICA, DE LA MANO





Copla surge en el marco de este escenario, a mediados del año 2009, con la finalidad de promover acciones y propuestas para el desarrollo de herramientas que permitan construir desde la comunicación un sujeto social comprometido con procesos de transformación a favor del interés nacional y popular. Esta construcción se reconoce además como colectiva, y su punto de partida es el valoración de todos los componentes del sujeto social y político sin pretensiones hegemónicas.
Por otra parte, se pretende promover reflexiones que abran el camino hacia un sentido común diferente de aquel que está formateado bajo la impronta neoliberal, y que esté asentado, en cambio, sobre la base de proyecto nacional que expresa Cristina Fernández. Esto implica también pensar en el paso de una gestión reactiva a otra proactiva de la comunicación pública. Porque para que este avance pueda ser sostenible y a largo plazo, es necesario fortalecer la gestión de gobierno y la voluntad transformadora de las políticas públicas, y ello sólo es posible mediante una construcción estatal más densa, más planificada e institucionalizada.

En este sentido, el aporte de Copla en la constitución y sostenimiento de este escenario, pasa por constituirse como una herramienta de articulación, la cual a su vez elige construir en red para hacer de puente entre los pedazos que muchas veces se encuentrna dispersos por falta de comunicación. Copla participa del gobierno en distintas áreas de la comunicación gubernamental. Junto a miles de argentinos fue activo agente en la construcción de la Ley de Medios. Debate en el cuerpo de ideas que desde el 25 de mayo de 2003 se vienen articulando y milita activamente junto a muchas organizaciones sociales, sindicales, juveniles, culturales y empresariales del cooperativismo y las pymes.


La Copla - Comunicación y Política para el Proyecto Nacional

sábado, 12 de noviembre de 2011

¿FIN DEL PERIODISMO?




Me pregunté ante esta nueva época de nuevos medios digitales y encontré algunas respuestas en este fragmento del libro del periodista Nicolas Mavrakis en la Revista Crisis.
Algunas cosas para tener en cuenta, aunque el dilema continúa.

Monteaguda

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salir del medio / fábricas del lenguaje / prosumidores

#findelperiodismo

por Nicolás Mavrakis
¿De qué hablamos cuando hablamos del #findelperiodismo? Entre otras cosas, del ocaso de un imaginario simbólico y de la mutación de las plataformas de producción y circulación de su discurso. De la crisis de sus soportes tradicionales y la irrupción de nuevos flujos. Y, en especial, de la impotencia de sus agentes, de su terrible desnudez. A continuación, ocho hipótesis contra los lamentos y la nostalgia.
Most of the value was created by people working free. The New York Times, 13 de febrero 2011
#1 El #findelperiodismo no es parte de una maquinaria de gestos éticos. No se trata de condenar al periodismo, como suelen creer ofendidos algunos periodistas. Es el estadío tardío de la autonomía del discurso periodístico en medio de un contexto tecnológico que avanza. El #findelperiodismo –y esto es especialmente visible en la Argentina contemporánea– es también la emergencia inédita y desnuda de los eslabones y las cadenas del periodismo bajo la forma en que Orson Welles retrató a su Charles Foster Kane en 1941: una industria dedicada a la tarea de fabricar e imponer sentidos congruentes con las necesidades de sus juntas de directorio, corporativismos y recursos productivos, mediante su intervención directa en la esfera pública a través de agentes políticos obedientes o creados por las propias empresas para tal fin. ¿Esto es nuevo? Claro que no. Pero el #findelperiodismo es su estado inédito de visibilidad. Los ejemplos son tan manifiestos que lo único destacable es una salvedad: aquella barrera algo desdibujada entre un corporativismo de capitales privados y una democracia pública, como la que desnudaban las fricciones del gobierno demócrata de Barack Obama con la cadena republicana de noticias Fox News durante la campaña electoral de 2008, en la Argentina parece sostenerse de un modo mucho más preciso entre un polo público, donde, con todas las salvedades del caso, hay una voz ciudadana integrada al paisaje, y un polo privado que, por definición, es integrado solo por el coto hermético de sus propios accionistas.
#2 La autonomización del discurso periodístico consta del mismo proceso que la autonomización del discurso literario, aunque con consecuencias bastante más trágicas. Todo aquello que para la literatura cristalizó en lo peor del academicismo postestructuralista francés, en el periodismo cristalizó en una autorreferencialidad y solipsismo que acabó por obturar el vínculo entre el modelo de intervención intelectual decimonónica –por ponerle algunas coordenadas temporales al asunto– y un circuito de información necesariamente ligado a la res pública. Desnudado de los valores románticos del siglo xix y xx –la persecución de “la verdad” y “la justicia”–, el periodismo como discurso autista se vuelve una materia inerte y desmitificada. La suya se convierte en, por reelaborar pecaminosamente a Giorgio Agamben, nuda vida: “Vida como asunto sin límites de la filosofía y vida como materia sin forma”. Un recipiente en el que se vehiculizan en un éxtasis obsceno –porque ocurre a la vista y oídos de todos– los intereses de un postor.
#3 El discurso periodístico de los siglos xix y xx goza del soporte papel. Construye a sus receptores dentro de su credo ideológico y se propaga con éxito bajo las banderas liberales. Pero en algún punto, el discurso periodístico, entendido como un todo operaciona y bien constituido, fue hackeado. Y el entramado de relaciones materiales que le daba un sustento ideológico ya no tuvo a quiénes ni cómo convencer.
Continúa en http://www.revistacrisis.com.ar/findelperiodismo.html (Revista Crisis)

viernes, 11 de noviembre de 2011

MIRAR PARA OTRO LADO




Codicia y Burrada


› Por Martín Granovsky


La codicia es el apetito excesivo de riquezas. La burrada no hace falta explicarla. Mientras los peritos trabajan para saber qué pasó en Bartolomé Mitre al 1200, tal vez sea útil explorar una hipótesis: desastres así responden a la maldita combinación de burrada y codicia.
Cromañón es un antecedente porteño de burrada más codicia. El 30 de diciembre de 2004 el boliche estaba lleno por demás, con negreo de entradas. Buena vibra, explican algunos músicos de rock. Y más dinero, hay que agregar. Que la ganancia era un objetivo mayor que la vibra queda probado porque, al menos que se sepa, la banda no pensaba donar la ganancia extra para programas dedicados a recuperar chicos del paco. Y Omar Chabán tampoco. Después estaban, claro, la burrada de las bengalas y el veneno de la media sombra. Pero sobre todo las puertas. Las puertas que abrían para adentro y apilaron cadáveres de adolescentes que iban muriendo al no poder salir. Y las puertas cerradas. ¿Recuerdan la pericia de Bomberos? La publicó Página/12. Con todas las puertas abiertas y las hojas girando hacia afuera, Cromañón hubiera quedado desagotado en dos minutos y medio. Ningún muerto. Quizá ningún intoxicado irrecuperable. Con las puertas habilitadas ese día y no tapiadas, desalojo en poco más de cuatro minutos. Quizás algunos intoxicados. No 194 muertos.
La discusión sobre el boliche de Once se hizo tonta muy rápido. Abstracta, más que tonta. El debate sobre la calidad y orientación de las puertas fue tan corto y pobre que hasta hoy los edificios son cárceles de las que no se puede salir sin llave. Y las puertas abren hacia adentro. Casi en soledad Alberto Ferrari Etcheberry, un experto en comercio de granos y relaciones con Brasil siempre generoso con la sensibilidad por la cosa pública y el apego a las soluciones concretas, desparramaba ya entonces, después de caminar por la zona de Cromañón y ver todo con sus propios ojos, su desesperación por lo que le parecía el problema más obvio de todos. Y la salida más concreta.
Cromañón tiene otro elemento que hoy vale recordar. Pocos días antes de la tragedia, Callejeros había celebrado un concierto en el estadio de Excursionistas. El entonces jefe de Gobierno explicó que ese día sí había habido inspectores porque la legislación lo obligaba, cosa que no ocurría en el caso de boliches de la escala de Cromañón.
El fetichismo por las leyes y los reglamentos y la indignación fácil (caras de una misma moneda) sirven para escaparse de la realidad.
¿Cuántos recitales como el de Cromañón había en Buenos Aires el 30 de diciembre de 2004? ¿Tres? ¿Cinco? ¿Diez? Si la legislación no obligaba a inspeccionar, ¿acaso la sensatez lo prohibía? ¿No había diez inspectores disponibles? A veces las cosas se pueden hacer con voluntad política y vocación por trabajar sobre la realidad. No hubo. Y todo sigue igual al ver las puertas públicas y privadas que continúan siendo un peligro de asfixia.
Sucede lo mismo hoy con las grandes construcciones de Buenos Aires. Ya es grave que Mauricio Macri no haya reglamentado una ley de inspecciones escalonadas votada en la Legislatura con el aporte de miembros de su mismo partido. Pero también es grave la falta de espíritu práctico que reveló la grieta de Bartolomé Mitre al 1200 y demuestra la discusión de estos días, tan pobre como la de Cromañón y por eso tan riesgosa para el futuro.
¿Cuántas excavaciones de pozo había el viernes 4 de noviembre en la ciudad de Buenos Aires? ¿Diez? ¿Veinte? ¿Cincuenta? Si está claro que tocar los cimientos del edificio lindero es un problema crónico, ¿no hay cincuenta inspectores capaces de concentrarse en las construcciones donde se juegan más vidas? ¿O puede ser igual de importante verificar los estudios de suelo y la praxis o mala praxis de las excavadoras que controlar el cambio de azulejos de un baño?
No alcanza con las leyes. No basta con cumplirlas. No son suficientes las reglamentaciones. No se arregla todo con eliminar la corrupción. Si el Estado porteño no sabe qué es lo decisivo y la sociedad no distingue qué controlar en serio y cuándo, la codicia producirá desastres. Si Macri tiene alguna duda puede llamar a marxistas como Barack Obama y Angela Merkel. Le contarán qué pasó por la codicia de los bancos, la burrada de gerentes privados y el aporte de los funcionarios públicos al mundo donde se entremezclan la codicia y la burrada.
Extraído de Página 12.

sábado, 5 de noviembre de 2011

EL MACHO Y LA CERVEZA





X Monteaguda

El macho y la cerveza

Debate del aborto en el Congreso, una presidenta mujer en nuestro país, una presidenta en el Banco Central y una ministra antes de Defensa y ahora de Seguridad... datos que nos enorgullecen. También, el arduo trabajo de organizaciones no gubernamentales que luchan hace muchos años, donde profesionales y militantes es más que destacable. Son muchas las mujeres que defienden sus derechos iguales a la de los hombres, con argumentos sólidos y actividades efectivas que conforman un nuevo escenario de integración. De todos modos, este cambio por parte de los sectores de poder económico y los medios concentrados, sigue siendo una materia pendiente.

Aún priman publicidades violentas hacia las mujeres que pasan desapercibidas y naturalizadas. Necesitamos aún más conciencia para repudiar las características machistas que aparecen en los medios. Es necesario también que los hombres también sean parte, a la par, de la lucha por una igualdad de derecho y reconocimiento de la mujer para con el hombre. En otras palabras, si no ponemos entre todas y todos, no se cambia. Las empresas en particular de cerveza, elementos de limpieza, cocina y vehículos, por nombrar algunas, no parecen interesarse en la cuestión de género. Solo en que les de buenos resultados; más beneficios y rentabilidad.

A los hombres me dirijo: Loco, no quieren que te levantes a esa mina que tanto deseas, ni tienen la fórmula para que todas te digan que si. Este spot es un vende humo a los hombres y una apología al machismo.

En el caso de esta publicidad que elegí, la idea es ya un cliché: la mujer aparece como un objeto-trofeo en donde está la fea y la linda. La fea es la que no es elegida por ninguno. Los que eligen son los tipos. Los lindos (que si son lindos lo pongo en discusión). En la publicidad, los tipos son los que eligen.

La de hacer "la segunda" también existe para las mujeres, aún más, las mujeres también tomamos cerveza, y hacemos practicamente muchas cosas similares a los hombres.
Pero los "creativos" y las empresas parecen lo verlo y sólo se quedan en el sentido común y la estereotipia.

Muchos de ellos saben que toman el acto de la amistad y el levante en un boliche, que es una práctica común entre los jóvenes. Lo que hace el publicista es tomar esa práctica social "conocida", en donde el deseo de saciar la sed y la satisfacción de la cerveza, está representada en la mujer; en su cuerpo, su belleza institucionalizada -aquella que dice quien es linda y quien no-, y en la metáfora de la mujer=cerveza. Por lo que ese deseo, según la empresa te dice en tu inconsciente, será satisfecho si tomás su cerveza.
La mujer trofeo es sexy -siempre flaca y endiosada- y siempre te va a decir que si, cuando quieras. Está dominada y sólo sabe decir SI. Ella no elige con quien estar... la eligen.

Muchos fragmentos televisivos, o bien, programas enteros -Tinelli a la cabeza- alimentan estas ideas. Si bien, la sociedad argentina atraviesa un paradigma cultural en términos de pertenencia e integridad, aún persisten lógicas retrogradas, conservadoras y discriminatorias.

Para pensar.

MARÍA SEOANE HABLA SOBRE EL PERIODISMO ACTUAL

La siguiente es una entrevista realizada por MediosLentos.com, un excelente blog de periodismo creado por ex-alumnos y alumnas de la escuela de periodismo ETER. Felicitaciones porque es muy completo y serio. Espero que les guste blogueros y blogueras, como así también los lectores locos que googlean y caen por acá, casi sin querer.

Monteaguda


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"No se trata sólo de repartir la riqueza sino también de repartir la palabra”




Por MediosLentos.com


La periodista, escritora y directora de Radio Nacional, María Seoane, nos acompaña en este nuevo Invitado del mes en una entrevista imperdible en la cual nos cuenta cómo decidió ser periodista y cómo llegó a ser directora de Radio Nacional.

¿Cuándo comenzaste a ejercer la profesión?Me hice periodista en México. En el exilio mexicano descubrí que era la profesión que reunía mis tres intereses: la política, la literatura y la historia. Comprendí que el único periodismo que me interesaba ejercer no era de cronista de la inmediatez, sino de cronista de la historia. Entendí que el género que más me interesaba desarrollar era la investigación periodística y que en el periodismo no solamente, como nos enseñan las normas anglosajonas, hay que preguntarse dónde, quién, cuándo, cómo, sino también el porqué. Porque en verdad el porqué es el que identifica las razones de la realidad, del comportamiento de los sujetos y de los protagonistas en la historia, y explica también la puja de intereses en la misma. Así que tanto lo que se quiere ocultar como lo que se quiere contar nunca es neutro, y el periodismo de investigación sirve para saber eso.
¿Qué es ser periodista entonces?Creo que el periodista es un intelectual que siempre se siente en disputa con los poderes establecidos. En tiempos de dictadura, pensábamos que la confrontación era con los gobiernos dictatoriales, pero ahora en tiempos de democracia, nos damos cuenta que son los gobiernos con las corporaciones que establecen el poder permanente, porque los gobiernos son inquilinos del poder sometidos a elecciones.
No se trata de ver si alguien tiene una cartera Vouitton, si tiene cinco hectáreas, si es funcionario público o no. Se trata de ver qué acciones concretas hace para modificar la vida de la gente que lo rodea, tanto sea desde el mundo privado de la corporación o desde el mundo público de un gobierno. A mí me parece que un periodista debe obviar la frivolidad al poner su mirada en cosas vanas, y centrarse en las políticas que modifican la vida de la gente, y si esas políticas entrañan daño o no.
Naciste en Capital Federal, ¿no? ¿Y en una familia donde predominaban las mujeres?Soy porteña, tercera generación del lado de madre. Del lado de padre la segunda. Sí, en la familia de mamá predominaban las mujeres pero fue mi papa el verdadero responsable de mi amor por los libros. Aún hoy él es un gran lector. Cuando tenía 8 años me preguntó que quería ser y yo le dije escritora. A los 40 le volví a preguntar: “Decime papá, ¿qué iba a ser yo cuando era chica?”, y él me contestó: “Querías ser escritora”. Le retruqué: “¿Y nunca te dije que quería hacer otra cosa?”, y él me respondió: “Nunca”.
¿Por qué seguiste primero una carrera de Ciencias Económicas?Por razones familiares. Tal vez en ese momento se pensaba en tener una profesión que le permitiera a gente como yo, que provenía de padres obreros de clase media baja, la necesidad de tener más dinero o ser más rentable. Entonces empecé a estudiar para Contador Público en la universidad de Ciencias Económicas. La única materia que hice fue Contabilidad 1, y deserté habiendo dado ya todas las materias humanísticas previas y libres. Así que me anoté en la carrera de Letras, y por un tiempo hice las dos carreras, pero bueno (hace una pausa, juega con el encendedor y sigue) me di cuenta que no podía porque me casé, así que me dediqué sólo a estudiar Economía, en tiempos en que la economía se definía como una de las ciencias más humanas, en el sentido que trataba de ver el bienestar de los seres humanos más que la riqueza del mercado. Eso terminó con la dictadura del `76, cuando se cambiaron todos los planes de estudio y comenzó a prevalecer la economía de mercado. Comprendí lo que significa el interés de clase fundamentalmente, que siempre detrás de un conflicto político existe un conflicto de intereses y que esos intereses tienen que ver con la materialidad. Ese pensamiento es un pensamiento que me honra haberlo aprendido enla Universidadde Buenos Aires.
¿Existen periodistas “de primera”, “de segunda” y “de tercera” como declaró hace unos meses un colega?Hay periodistas, algunos más talentosos que otros. Eso de que son de primera, segunda o tercera me parece una categoría medieval y atrasa realmente (hace una pausa, mira fijo y contesta) si es medieval atrasa. Hay periodistas que son más talentosos que otros, pero todos lo son en tanto acepten las reglas de la profesión, que son las que te definí: la búsqueda permanente de acercarnos a la verdad de los hechos, de las motivaciones de los protagonistas, se trate siempre sobre el poder, esté donde esté, sea en los gobiernos de turno o en las corporaciones, sea en el poder real o en el poder electivo o transitorio, que es el poder político.
No abusar del off the record y para fundamentar una denuncia no instalar la sospecha sin que exista sede judicial para eso, porque la instalación de la sospecha construye operadores políticos, no periodistas. Cuando un periodista dice: “Se supone que este funcionario tiene 5 millones de hectáreas en el sur”, y no hay ninguna prueba de que eso exista, ni siquiera hay una denuncia de que él lo hubiera comprado con fondos públicos, ese periodista es un operador de intereses políticos contra ese gobierno donde está ese funcionario.
¿Existe un cambio en el periodismo de hoy con respecto a los medios de comunicación?Hoy está en discusión la deontología profesional de manera muy evidente, porque el proceso de conversión de las empresas periodísticas en holdings que integran actividades extracomunicacionales cuyos periodistas han sido sometidos, algunos, otros por convicción, otros por interés a transformarse en prenseros de los intereses de esos grupos económicos.
Al parecer esto es un daño irreversible en la medida en que no se tenga la libertad de conciencia como eje de la profesión y también que el periodista acepte transformarse en un prensero de intereses económicos.
El periodismo es una de las profesiones más extraordinarias, el debate sobre lo público y lo privado es importante, la profesión tiene reglas que deben ser usadas en cualquier lugar, se ejerce el periodismo en empresas privadas o se ejerce el periodismo en medios públicos.
Pero lo que sí tenemos que decir es que como no hay neutralidad, exigimos, desde el punto de vista de la formación profesional, por lo menos yo exijo, que se enuncie desde dónde se habla.
No hay neutralidad. Los periodistas de los grandes medios privados que defienden intereses corporativos, por ejemplo la soja, deberían decir explícitamente los negocios que tienen vinculados a la soja, a la empresa en la que trabajan, si es que van a tomar su punto de vista. Y lo mismo que en los medios privados para los medios públicos. Los periodistas deben decir: “Nosotros somos periodistas de medios públicos, creemos en la deontología de la profesión, pero nuestra búsqueda, nuestra enunciación es de la defensa de lo público sobre lo privado, de la defensa dela Leyde Medios de la democracia, de la defensa del federalismo, de la defensa de la apropiación pública de los bienes de circulación cultural. Creemos que la información es un derecho humano básico, que no puede ser apropiada como una mercancía. En ese sentido no compartimos el derrotero final de la información”. En eso estamos, eso es lo que estamos discutiendo.



¿Cómo ves el descreimiento de la sociedad para con el periodismo? La sensación es que cualquiera puede ser periodista y cualquiera puede opinar.Cualquiera puede opinar, no cualquiera puede ser periodista. Y el descreimiento de la sociedad frente al periodismo no es tan así, no es frente al periodismo como profesión sino frente a algunos medios en particular.
¿Cómo te llegó la noticia de que ibas a ser la directora de Radio Nacional?Trabajé hasta mayo de 2009 en Clarín como editora jefe. No me arrepiento de mi carrera profesional en Clarín, no me arrepiento para nada. Sí estoy segura de que no participé nunca de las cosas que no compartía y que jamás firmé algo que no compartiera. Creo que ese proceso se terminó para mí, sobre todo en el momento en que comienza a estallar claramente esto, que hay intereses de un holding multieconómico cuyo negocio central no es la comunicación que entra en colisión de intereses con la responsabilidad de informar.
Y estaba decidiéndome a escribir mi libro, libro que va a salir ahora en noviembre sobre la historia de Rafael Perrota, el director del Cronista Comercial, desaparecido en 1977. Estaba dispuesta a seguir dirigiendo y escribiendo en el Centro Cultural Caras y Caretas, que es un proyecto muy querido para mí desde hace muchos años. Y entonces me llamó el señor Tristán Bauer y me ofreció dirigir Radio Nacional. Para mí fue un desafío porque estaba al punto de jubilarme.
En realidad el día que asumí en Radio Nacional me enteré que me había salido la jubilación (risas), así que estoy legalmente jubilada, sin cobrar por supuesto la jubilación, porque a partir del momento en que ingreso no es posible tener dos salarios del Estado. Fue un gran desafío y también un gran honor, porque acá yo siento que estoy donde quiero estar y hacer lo que quiero hacer con la comunicación.
Me siento muy contenta de trabajar en la radio de todos los argentinos y poner cada vez más a la radio a tono con esto que pensamos del periodismo, del compromiso con la circulación de la información y en una defensa muy sistemática de lo que esla Leyde Medios de la democracia, porque creo que ésta va a posibilitar democratizar la palabra. Asumí con la convicción de que no se trata sólo de repartir la riqueza sino también de repartir la palabra. Y repartir la palabra es exactamente lo que yo quiero que la radio haga.
¿Qué pensás del caso de los hijos de Ernestina Herrera de Noble y de la realización de los ADN?Creo que los ADN deben ser hechos, si hay una ley, hay una presunción de delito, hay una causa que lleva 10 años, y la verdad de la justicia indica que deben ser hechos para saber la verdad, tanto para las familias que buscan sus hijos, nietos apropiados, como para la propia historia de Marcela y Felipe, que saber la verdad los va a hacer libres, elijan lo que elijan. Creo que son los casos más dolorosos que tienen que sufrir las consecuencias de aquella dictadura terrible enla Argentina. Se debe cumplir la ley porque nos hace libres de verdad, tanto para mí como ciudadana, como para la señora de Noble.
Cuestionario de Bernard Pivot
¿Cuál es tu palabra favorita?Deseo
¿Cuál es la palabra que no te gusta para nada?Muerte
¿Cuál es el ruido o el sonido que más te gusta?Cuando mi hijo entra en mi casa
¿Cuál es el ruido que menos te gusta?El ruido de las rejas, cuando fui a hacer una entrevista a la cárcel. El ruido de las rejas detrás de la espalda.
¿Creés en Dios?Tengo una formación cristiana, católica. Es muy difícil desprenderse de esa matriz. No soy practicante de la religión, creo en lo laico, pero si te digo que creo en Dios te miento, y si te digo que no creo en Dios también te miento.
¿En qué te considerás “media lenta”?En hacer las valijas, en realidad detesto hacer las valijas.
Autor
Luciana Mazza Toimil
luciana@medioslentos.com
Fotografía
Carolina Amengual
cruachanfotografia@hotmail.com

lunes, 31 de octubre de 2011

MENOS PREMIOS Y MÁS RESPETO


 Por Horacio Verbitsky 

Esta semana, la editorial Perfil me entregó su Premio a la Libertad de Expresión, compartido con la ensayista Beatriz Sarlo. Asistieron a la ceremonia, entre otros, el jefe de gobierno porteño, Maurizio Macrì; el diputado nacional Francisco de Narváez; las senadoras María Eugenia Estenssoro y Norma Morandini; los periodistas Nelson Castro, Rosendo Fraga, Magdalena Ruiz Guiñazú, José Ricardo Eliaschev y Luis Majul. También estuvieron el científico Alberto Kornblith, el editor Daniel Divinsky y el creador de la Red Solidaria, Juan Carr, quienes recibieron un Premio a la Inteligencia. Estas son las palabras que pronuncié al retirar el mío:
Agradezco de corazón este reconocimiento de una editorial cuya idea del periodismo es antagónica a la mía. Esta disidencia no impidió que el CELS llevara una causa contra Noticias al Sistema Interamericano de Derechos Humanos o defendiera ante la Justicia una asignación transparente de la publicidad oficial.
No debería sorprender. Ya Voltaire definió la libertad de expresión como un derecho de aquellos con quienes no estamos de acuerdo y la Corte Suprema de los Estados Unidos extendió su tutela a expresiones odiosas o repugnantes.
Evoco esta noche a mis compañeros de la Agencia Clandestina de Noticias ANCLA, creada por Rodolfo Walsh cuando la última dictadura suprimió junto a la libertad de expresión los derechos a la vida y a la libertad.
No me olvido de los periodistas detenidos sin orden judicial ni estado de sitio durante el primer gobierno de la democracia.
Recuerdo los proyectos para aumentar penas y crear nuevos delitos de opinión, los juicios contra periodistas y la sugerencia de aplicarnos la libertad del palo, del presidente que me querelló y me llamó terrorista de la pluma.
Tampoco olvido los asesinatos mafiosos de José Luis Cabezas y Adams Ledezma.
Es menos conocido que en diciembre de 2001 un gobierno moribundo intentó prohibir la televisación de las protestas masivas contra sus políticas y de la represión criminal que causó cuatro decenas de muertos.
Mi primera denuncia ante el Sistema Interamericano de Derechos Humanos, hace ahora veinte años, derivó en la derogación del desacato. Entonces comenzaron las querellas por calumnias e injurias. La causa de Eduardo Kimel, patrocinada por el CELS ante la Comisión y la Corte Interamericanas de Derechos Humanos, condujo en 2010 a la despenalización de esos delitos en casos de interés público.
También fuimos fundadores de la Coalición por una Radiodifusión Democrática, que inspiró la ley audiovisual vigente, que afirma la diversidad de voces reclamada por la Unesco. El relator para la libertad de expresión de las Naciones Unidas la exaltó como modelo.
La libertad de expresión es un derecho de todos los ciudadanos. Por eso, en 2003 rechazamos un proyecto del presidente interino, que lo reducía a fuero privilegiado de nuestro gremio, aberración corregida por la actual presidente en 2010 al promulgar la ley de despenalización.
En el momento de mayor libertad conocida en nuestro país, los periodistas debemos acostumbrarnos a que otros practiquen ese derecho sobre nosotros, sin ofendernos ni hacernos los perseguidos. La libertad también se ejerce tolerando que otros hagan lo que a nosotros tanto nos gusta hacer.
Al informar sobre el acto, la edición electrónica del diario Perfil ignoró por completo mis palabras, y en su lugar publicó opiniones de algunos de los asistentes. El semanario Noticias, de la misma editorial las publicó con un avieso recorte: omitió mi referencia a Rodolfo Walsh y la supresión de los derechos a la libertad y a la vida durante la dictadura militar; la orden de censurar la televisación de la represión a las movilizaciones de diciembre de 2001; la caracterización de la libertad de expresión como un derecho de todos y no un fuero privilegiado de los periodistas y el rol de la actual presidente en la despenalización de las calumnias e injurias en casos de interés público. Pese a dedicarle al tema la tapa y once páginas, con el exceso de once fotos mías, Noticias censuró en el reportaje que me realizó Silvio Santamarina las referencias que hice a la recuperación de la dignidad presidencial frente a los poderes fácticos, militares, eclesiásticos, económicos y mediáticos por parte de Néstor Kirchner y Cristina Fernández. El lector tampoco se enteró de que contrasté la despenalización, que en la Argentina permite la impunidad para cualquier crítica o incluso insulto a las autoridades, con las leyes y fallos judiciales restrictivos en países afines como Venezuela y Ecuador. Hubiera preferido menos premios y más respeto, hacia mí y hacia el público.



Extraído de Página 12 - 25 de septiembre de 2011

domingo, 30 de octubre de 2011

CORTITAS: EVOLUCIÓN DE LA DEUDA EXTERNA



x Monteaguda


La evolución de la deuda externa en la Argentina afecto al país durante más de 40 años. Con altibajos, los distintos gobiernos de facto y democráticos generaron aumentos significativos. Esta se compone de la deuda pública, contraída por el Estado y privada, por particulares. Se ha traspasado 5000 millones de dólares desde el Estado a las compañías privadas, que habían tomado préstamos en el exterior y por imprevisión se vieron en situación de riesgo.
El registro más alto de aumento de la deuda externa se dio en la última dictadura militar cívico-militar. Durante el periodo que va de 1976 al 2001 se acrecentó un 364%, por políticas tales como la desregulación del sistema financiero y la estatización de la deuda privada. Esto siguió durante el gobierno de Raúl Alfonsín, hasta 1989 con un 44% mas, y un intento fallido de revisar el origen del endeudamiento. Esta se intensificó durante el gobierno de Carlos Menem en sus dos períodos presidenciales 1990-1999; la implementación de la convertibilidad, la apertura a capitales transnacionales y la privatización de empresas estales aumentó un 123%. La crisis económica no tardó en llegar durante el gobierno de Fernando De la Rúa, en el que los compromisos externos aumentaron a través de políticas como el Mega canje y el congelamiento de depósitos.
La deuda externa fue uno de los factores macroeconómicos que desataron la severa crisis del 2001.
A partir del 2003, durante el gobierno de Néstor Kirchner, se empezó a saldar la deuda externa a niveles significativos, dejándola en un monto de US$130.827 millones según la publicación del Banco Central de marzo de 2011. Algo impensable en otras épocas. El plan de gobierno de Cristina Fernández de Kirchner es continuar este camino de reativación y crecimiento, en donde saldar al deuda externa es la base; la deuda condiciona la economía interna y el desarrollo del conjunto de la sociedad argentina.

sábado, 29 de octubre de 2011

SE HIZO JUSTICIA


Por Luis Bianco *



El miércoles presencié la sentencia de los represores sanguinarios de la ESMA. Los volví a ver cara a cara. Los recordaba como tipos tan “valientes”, prepotentes en el ejercicio de la impunidad que les daba el poder. Recordé los años de sufrimiento y de espera por mi hermana, Alicia Bianco, desaparecida el 30 de abril de 1976, y por mi madre, Mary Ponce de Bianco, secuestrada el 8 de diciembre de 1977. Sentado junto a mi hermana, Ana, me sentía un poco nervioso, un poco eufórico y también muy sensibilizado. En esa situación, un periodista me hizo una nota y di un perfil de mi madre. Me preguntó: ¿Qué espera de este fallo? Respondí: Perpetua, condena máxima por los asesinatos. A medida que pasaban las horas todo era confuso, no sabíamos por qué tanta tardanza. Percibí cierta intranquilidad en mi hermana, yo disimulaba mi ansiedad, cuando de repente hacen su entrada los represores. Astiz estaba ahí, con una sonrisa burlona y una bolsa de nylon en su mano. Tuve demasiadas emociones encontradas en ese momento. En mi corazón no había ni un atisbo de rencor hacia ellos, los observaba inertes, con gestos de deshumanización total, como muertos, mutantes... En ese momento repentinamente recordé a mi madre, por su lucha, su alegría, su tristeza y su incansable labor junto a Esther y Azucena, quienes fueron parte fundacional de un movimiento único en el mundo. ¿Tanto temor les tenían a estas madres para infiltrarse en su organización, secuestrarlas, torturarlas y asesinarlas? ¡Qué ilusos! Pensaron que estos pañuelos blancos se acabarían; al contrario, las inmortalizaron en su lucha. Hoy, gracias a estas tres Madres se los pudo juzgar, gracias a estas tozudas mujeres que volvieron con el mar para dar testimonio de los vuelos de la muerte. Hoy ellas están más vivas que nunca en la historia y en nuestros corazones, y acompañan todas las semanas a sus compañeras de lucha en la Plaza de Mayo. Siento una tranquilidad muy grande al saber que se hizo justicia con ellas y, por sobre todo, que en la lucha por la democracia en la Argentina salieron triunfadoras junto a los 30.000 detenidos-desaparecidos. Los compañeros de las organizaciones de derechos humanos estaban eufóricos: se había hecho justicia, nada más que justicia, sin venganza. Si hubiéramos actuado por venganza, seguramente nos igualaríamos a ellos y eso nunca sucederá. Porque en el país que nosotros queremos y luchamos lo más importante es la vida y el pensamiento de las personas. ¿O ustedes creen que las madres, políticamente, pensaban lo mismo? No, tenían diferencias; pero sabían que luchando juntas por recuperar a sus hijos eran mucho más fuertes y llegaron a ser indestructibles. Por eso su ronda siempre va a ser una caricia para nosotros, los hijos de esas madres que nos sentimos orgullosos por su valentía, pero por sobre todas las cosas por su inmenso amor hacia nosotros.

No puedo olvidarme de mi padre; en estos días voy a ir al cementerio a contarle que Mary, su mujer, es ciudadana ilustre de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, que está su pancarta en las manifestaciones, que tiene un espacio verde que lleva su nombre y que descansa en el solar de la Iglesia de la Santa Cruz, que fue el último lugar que pisó tierra libre. Yo, como hijo de Mary, quiero agradecer a todos los que han hecho posible este juicio: al gobierno nacional, a la Justicia y a todos aquellos que luchan por los derechos humanos.


* Hijo de Mary Bianco, Madre de Plaza de Mayo secuestrada el 8 de diciembre de 1977.

lunes, 24 de octubre de 2011

POESÍA: "CONDUCTORA DE LA NOCHE"

x Monteaguda


En la blanca noche despierta,

La insomne conductora.


Sus ojos bailan,

un nocturno de Chopin.


Sus armas,

Fundadas en sus ideas

Batallan

En el campo donde habita el rehén


Mientras,

La ausencia de él

Las caricias sobre el rostro

Replica.


¡Oh, océano retenido!

¡Ausencia de los ecos!

Es el rostro sobre este hielo

que se multiplica

tan frío como la muerte

que es ausencia ¡y nada más!


Entre los hombres y mujeres

Que corren a su alrededor

Pupilas titilan sobre el campo

que pasa de largo en la ventanilla

y el calor

en lo oscuro de su cuarto

No apaga el ardor

de sus sueños vivos.


Porque durante el Sol valiente,

las luchas del pasado

son las rompientes

que empuja sus ganas

Donde habitan

multitudes e individuos

que suenan

bajo su cama.


El rostro de él la abraza,

¡Oh la soledad de tu cuarto, Conductora!

Es como pintar a oscuras

el tornasol

De los lagos del sur.


¡Tu soledad, conductora!

Es como el océano mezclado con el cielo

Y una densa luz

Que pide que la mires como un ancla.


¡Abraza al pueblo Madre selva!

El dolor es fuerza,

Susurra

Insomne

en el bravío mar

te sumerges

hasta la luz del día

que te despierta

sobre la orilla.


Allí te espera el pueblo,

Y te rescata.



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