sábado, 7 de mayo de 2011

CAMINO AL 50 y 50

1 de Mayo - Carpani

Extraído del último número de la revista "Debate"

Por Sebastián Premici.


HACIA EL FIFTY-FIFTY

Existen indicadores provenientes del comportamiento de la economía, sumados a una fuerte presencia del Estado, que dan cuenta de una efectiva mejora de la distribución de la riqueza.

La distribución del ingreso es uno de los conceptos más controvertidos en la actualidad. Básicamente, porque el Instituto de Estadística y Censos (Indec), que debe medir los niveles de pobreza, indigencia y la distancia entre los más ricos y pobres, está cuestionado en su centro más neurálgico: su credibilidad. Sin embargo, existen algunos indicadores provenientes del comportamiento de la economía, sumados a una fuerte presencia del Estado con políticas activas para la protección social, que dan cuenta de una efectiva mejora de la distribución de la riqueza, aunque en una dinámica inferior a la que se dio en la primera parte del gobierno de Néstor Kirchner. También hay informes de organismos internacionales, como la Organización Internacional del Trabajo, que reconoce mejoras en este campo, a pesar de las diatribas de las consultoras privadas.
Según un estudio elaborado por las economistas del Ministerio de Trabajo de la Nación, Lucía Trujillo y Soledad Villafañe - “Factores asociados a la dinámica distributiva: una aproximación desde la descomposición por fuente de ingreso en la Argentina reciente”-, en el período comprendido entre 2004 y 2008 se logró un descenso en la de-sigualdad -medida por el coeficiente de Gini- del 14 por ciento. “Ésta es la variación más significativa en el coeficiente que se ha conseguido en las últimas tres décadas, en un período de tiempo similar al considerado”, indicaron las economistas en su informe que será publicado próximamente.
Según los estándares internacionales, el Índice de Gini -mide el grado de igualdad de un país, donde 1 es el nivel más desigual y cero el estadio ideal- en un país desarrollado debería estar cercano a 0,25, mientras que de 0,55 en adelante la situación es considerada como de “alta asimetría”. En este sentido, el actual valor del coeficiente, según el Indec, se ubica bien lejos de los niveles superiores a 0,5 exhibidos en 2002, momento posterior al estallido de la convertibilidad. Cuando asumió la presidencia Néstor Kirchner, el coeficiente estaba en 0,475, en tanto que al momento de asumir Cristina Fernández había descendido a 0,424. De acuerdo con el informe de la cartera laboral, el 88 por ciento de la mejora en este coeficiente se explicó por la evolución de la masa de ingreso de los trabajadores. Es más, según los últimos datos brindados por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, la clase trabajadora ya alcanza el 48 por ciento de la generación del PBI nacional.

La crisis de 2001-2002 representó el estallido de la convertibilidad, modelo económico que tuvo incidencia en la descomposición del entramado productivo del país y, por ende, en la creación de empleo. En el lustro posterior a la salida de este modelo creado por el tándem Carlos Menem-Domingo Cavallo, se incorporaron al sistema aproximadamente 125.000 empresas privadas en la industria, comercio y servicios. La tasa de empleo mostró una tendencia creciente desde 2003, con un aumento acumulado del 14,84 por ciento hasta 2008. Según el Indec, en el primer semestre de 2003 la pobreza era del 54,0 por ciento, mientras en el segundo semestre de 2006 ya había caído al 26,9 por ciento (este es último dato que no es cuestionado por las consultoras privadas).
Pero el ciclo de expansión del mercado del trabajo, y su correlato en la incidencia en la distribución del ingreso, se frenó en el período 2008–2009 por las consecuencias de la crisis financiera internacional. Más allá de que el Indec haya marcado para ese período un descenso de la pobreza, tuvo un leve incremento. “Es lógico que se haya dado una pequeña modificación en ese período porque hubo un resentimiento de la actividad económica. Recién el año pasado se empezó a notar cierta recuperación, tanto del empleo como de los niveles de pobreza, aunque a un ritmo diferente al que habíamos vivido entre 2003-2006”, explica Villafañe.

En el período 2003-2009, por cada punto porcentual que crecía el ingreso medio de toda la población, el ingreso del núcleo de personas comprendidas en el décil 1 -es decir, el 10 por ciento más pobre- crecía el 1,84 por ciento, en tanto que entre 2009-2010, por cada punto de crecimiento del ingreso medio de toda la población, el ingreso del 10 por ciento más pobre se incrementó en un 2,25 por ciento (Fuente: http://datosduros.blogspot.com/). Esta recomposición se explicaría por la recuperación de la economía luego de la crisis financiera y por los efectos de la Asignación Universal por Hijo (AUH). Es decir que las transferencias directas que comenzó a realizar el Estado apuntalaron a los sectores más vulnerables que se vieron afectados por la crisis internacional.
Por otra parte, la Asignación Universal pasó de considerar instrumentos focalizados -como el Plan Familias, el Jefes y Jefas de Hogar, entre otros- a planes de más vasto alcance. El cambio de paradigma apuntó a romper con el dogma que indicaba que los planes universales chocaban con la cultura del trabajo. Según un informe de la Organización Internacional del Trabajo publicado el año pasado, coordinado por Fabio Bertranou -Aportes para la construcción de un piso de protección social en la Argentina: el caso de las asignaciones familiares-, la aplicación de la Asignación Universal por Hijo redujo la pobreza en un 16 por ciento y la indigencia, en un 55 por ciento. Este paper analizó el impacto en la sociedad de las asignaciones familiares, las contributivas y las entregadas por el Estado a las personas que están en la informalidad o directamente sin empleo. Su conclusión fue la siguiente:
* “Mientras el esquema contributivo logra reducir la extrema pobreza entre los niños y adolescentes en un tercio, el impacto de la AUH es de alrededor del doble. Ello implica que, en este último caso, un total de casi 900.000 niños y adolescentes dejarían de ser indigentes”, señaló el informe. Como dato interesante, la información que toma este organismo para realizar su trabajo se desprende del análisis del Indice de Precios al Consumidor medido por siete provincias, y no del IPC que mide el Indec. Esta misma “estrategia metodológica” es utilizada por las consultoras privadas y por el Ministerio de Trabajo.
* Con relación al Índice de Gini, el organismo internacional registró una reducción de aproximadamente 1 porcentual (p.p) ante la inclusión de las asignaciones contributivas y de otro punto porcentual con la extensión de éstas a través de la AUH. “En conjunto, ambos componentes logran reducir la desigualdad en aproximadamente un 5 por ciento. Al mismo tiempo, la relación de ingresos medios entre el primero y el último quintil desciende en aproximadamente un 10 por ciento, debido al esquema contributivo, y un 14 por ciento como consecuencia de la AUH”, aseveró el informe de la OIT.


Continúa en http://www.revistadebate.com.ar//2011/05/06/3902.php

1 comentario:

  1. Bueno,la verdad que las cifras son contundentes y es bueno que se siga por esta camino para seguir construyendo.

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