martes, 28 de junio de 2011

¡CLARÍN, MAGNETTO... DEVUELVAN A LOS NIETOS!

Comparto con ustedes bloggeros/as una columna de opinión de Orlando Barone sobre el ingenioso texto discursivo "Clarín, Magnetto, devuelvan a los nietos!", un cantito que se repite y se repite, y por el que Clarín lamenta tener que controlar más sus VIVO noticiosos, actuar de manera patética cortando el audio, volverse sordos por arte de magia o bien, poner su mejor cara de trasero. Es una frase que dura uno, dos minutos como mucho... pero el sentido que tiene es mayor que el tiempo cuantificado. Plantea nuestra lucha contra-hegemónica contra uno de los grupos económicos más poderosos del país. Esto quiere decir que el cuestionamiento a los monopolios que está viviendo la Argentina ya sale en Clarín, filtrado, de improvisto, sorpresivo, pero sale.

 ¡Asi que a seguir cantando atrás de cámara!


La verdad se cuela por el micrófono

Se trata de puro humor negro; ese humor que convierte lo trágico en un relámpago de risa; y que se permite desahogar el dolor con el placer. En la Argentina se acaba de crear un ejemplo incomparable; casi fantástico. Y no hay jurisprudencia cautelar, juzgado retrógrado ni tecnología de punta que pueda pararlo. Y es éste: “¡Clarín, Magnetto/ devuelvan a los nietos!”. La desmesura de un delito de lesa humanidad traficado entre papeleos y estrategias de lentitud brutal, lo resume ese estribillo en una sentencia rápida, implacable. Ese “devuelvan” es como decir basta. Lo padecen cada día- y no injustamente- las coberturas de notas periodísticas de exteriores de radio Mitre, TN y canal 13.
Por sus micrófonos, con frecuencia creciente, se cuela burlón y dramático ese sonsonete de condena: ¡Devuelvan a los nietos! El grito corto e intencionado se introduce por la línea que transporta el sonido y rompe de un metafórico piedrazo el cristal de seguridad profesional dejándolo en ridículo. Si es que puede volver a dejarse en ridículo, lo que ya está ridiculizado desde hace tiempo por su propio comportamiento penal y ético.
La espontánea creación popular le encontró la vuelta a esa cerrazón cínica del grupo de comunicación dominante de seguir dominando el discurso público. Le agrega lo que no dice porque lo oculta. Y se inmiscuye con sorna por la línea convencional destinada al receptor y televidente, como un polizón furtivo en un trasatlántico. O como Mathias Rust aquel muchacho alemán de diecinueve años, que en 1987 a bordo de un avioncito casi de juguete aterrizó en la Plaza de Moscú, esquivando el escudo de seguridad atómico del Soviet. Puro humor negro. Lo pensó Freud; lo consagró el arte de la literatura en todos sus géneros. Los hinchas de fútbol tienen un compendio y el archivo del graffiti en este sentido es desbordante.
El humor negro bromea con el dolor con el que los que causan el dolor no bromean. Llora mientras ríe. Se nutre de la esperanza: hace catarsis para sacarse la pálida de encima. Y entonces el fenómeno callejero se expande. Un relator subrepticio, inesperado, sin carné de locutor ni de cronista y a lo mejor con el solo patrimonio de ser nadie, se escabulle a espaldas del relator autorizado. Y grita: “¡Clarín, Magnetto/ ¡Devuelvan a los nietos!”. Rima impecable; son dos versos que aspiran a la literatura. Y, sobre todo, a la hazaña de atrapar al incapturable Leviatán con un anzuelo de mojarrita. El grupo de comunicación más grande se siente penetrado por la voz del pueblo entrometida en el micrófono. Así como una culpa que se pretende desconocer entra por la conciencia.

Por Orlando Barone
(Télam 26 de Junio)

1 comentario:

  1. osea... dicen que Clarín tiene a los nietos, saben quien tiene a nietos desaparecidos y no hacen nada? siendo que es verdad pueden hacer el reclamo e ir a la justicia, más allá de todo esto, Barone trabajaba para Clarín, igual que todo el plantel de 678, son unos payasos

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