miércoles, 10 de agosto de 2011

ENTREVISTA AL COMUNICADOR GLENN POTOLSKI


Glenn Postolski: “Los medios de comunicación mantienen una posición hegemónica; la forma de instituir su poder en la sociedad está muy vinculada a la posibilidad de concentrar la palabra en forma absoluta”. Entrevista al Director de la carrera de Ciencias de la Comunicación de la UBA.

Reportaje de Daniel Radduso y Vicente Russo

Iniciativa entrevistó en exclusiva a Glenn Postolski, Director de la carrera de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Buenos Aires. Licenciado en Ciencias de la Comunicación y Master en Periodismo y Medios de Comunicación, es docente e investigador de la UBA. Es autor de “Al fin solos: la nueva televisión del Mercosur” (2000) y “Mucho ruido, pocas leyes. Economía y políticas de comunicación en la Argentina” (2003), entre otros libros. Importante impulsor de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, analiza la implementación de dicha ley, el rol de los medios de comunicación y el proceso político nacional. 

Una de las particularidades del actual proceso político nacional es el creciente protagonismo que tienen los medios de comunicación en su afán de constituir una oposición política al Gobierno Nacional ¿Cómo analiza esta dinámica en el marco de las elecciones de octubre?

Esa vocación de los medios de constituirse en un contrapoder no es novedosa. Uno podría pensar que lo original es que, frente al vacío de construcción de otros espacios políticos, ciertos grupos muy concentrados de poder económico y simbólico -en su devenir de confrontación con el Gobierno Nacional- instituyeron imaginarios donde todo aquello que está por fuera de la experiencia política del kirchnerismo puede ser amalgamado bajo un mismo paraguas llamado “la oposición”. Un momento de quiebre y de construcción clara de ese imaginario proyectado fue durante la “125”; fue a partir de ahí y a raíz de la expectativa que generó el triunfo electoral de diversas fuerzas políticas en 2009 donde este fenómeno comienza a expresarse. Igualmente recordemos que fue un triunfo relativo de “la oposición” porque termina siendo un resultado electoral fragmentado en el que experiencias segmentadas y diferenciadas están enfrentadas una con respecto a la otra. En ese sentido la primera minoría que resultó más votada en el año 2009 siguió siendo el Frente para la Victoria. En este contexto, se construyó la posibilidad del imaginario acerca que había un espacio común en el que todos los grupos podían convivir sin tensiones. La primera vuelta en la Ciudad de Buenos Aires vuelve a incentivar la idea que el 14 de Agosto va a servir como una gran primaria y finalmente toda la “Argentina bienpensante” va a confluir en una especie de gran polo opositor. Esto es insostenible por donde se lo mire. Si uno va leyendo la manera en que fue fluctuando, en los últimos seis meses, el tono en el que se remite tanto a Cristina Kirchner como al espacio político kirchnerista, se podría dar cuenta de que más allá de ciertas cuestiones coyunturales, queda claro de que ese espacio opositor no fue factible de construir. La máxima esperanza, previa a la primera vuelta en la Ciudad, había sido Alfonsín y resultó que el Partido Radical no superó el 3% de los votos a nivel local. La imposibilidad de construir “el candidato antikirchnerista” debilitó el ensueño que tenía este sector. Los medios de comunicación son actores centrales en esta dinámica política de intento de confluencia: representan y construyen discursivamente esa posibilidad. Los sectores concentrados del poder económico tienen hoy en los medios de comunicación a su principal baluarte y su principal trinchera de confrontación.

¿Cómo analiza esta función “protectora” que tienen los medios de comunicación en el proceso latinoamericano actual?

El caso emblemático, el punto de inflexión, fue el proceso que se inició en Venezuela. El arribo a la presidencia de Hugo Chávez representa la experiencia inicial (que luego se fue replicando en todos los procesos políticos) de lo que significó la ruptura con el modelo neoliberal y la reconstitución de un tipo de sujeto político social con una nueva orientación. Sin embargo, no todos los procesos pueden ser equiparables a la experiencia de Chávez. Correa, Evo Morales y Dilma Rousseff no son absolutamente iguales, pero todos expresan claramente un reposicionamiento y un lugar central de la política pensada en términos transformadores. En Venezuela, el sector mediático fue la punta de lanza de los sectores más conservadores e imperialistas contra el gobierno de Chávez. En casi todos los países latinoamericanos, esta alianza entre medios y poderes económicos ha venido desarrollando sistemáticamente una caracterización estigmatizada, estereotipada y desvalorizante de los liderazgos de los proceso políticos. En Argentina, esos mismos medios hoy recuperan la imagen de Néstor Kirchner porque no está, ya que si estuviera sería la figura a satanizar. Pero hoy esos medios afirman: “Néstor negociaba, pero era generoso” y, de ese modo, todo lo malo se refiere a Cristina Kirchner. En ese sentido, los medios de comunicación podrían ser caracterizados como la última trinchera que poseen los sectores más conservadores y neoliberales que no están dispuestos a ceder sus posiciones. Los medios masivos crecieron hasta tener una envergadura suficiente y construyeron, en el marco del modelo neoliberal, un rol importante al interior de la sociedad. Ahora bien, si bien algunas condiciones de ese neoliberalismo naufragaron como producto de las distintas crisis, los grandes medios no perdieron. Me refiero al periodo que se inicia en 1998 en Venezuela como resultado del ‘Caracazo’ y en Argentina con la crisis del 2001, a partir del cual muchos sectores se sumergieron o rearticularon su vinculación con el Estado. Sin embargo, los medios de comunicación mantuvieron su posición hegemónica porque la forma de instituir su poder en la sociedad está muy vinculada a la posibilidad de concentrar la palabra en forma absoluta. Hoy podemos ver cómo un poder simbólico, que no sólo señala cuales son los temas, sino cómo hay que pensarlos: lo que en los medios se denomina ‘la agenda’. En ese sentido, a partir de la nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, el poder acumulado por los grandes medios de comunicación no podrá rearticularse sin perder ese lugar central, su capacidad monopólica. Otros actores pudieron reposicionarse, por ejemplo el sector financiero. En determinado momento este poder confrontaba o presionaba y aún lo sigue haciendo, pero -ante un posicionamiento diferente por parte del Estado- interactúan, presionan, negocian o establecen nuevas reglas de juego. En cambio, frente a un nuevo escenario político, los medios no ceden su posicionamiento, radicalizan su postura y son la voz más irritante. Cómo expresión de una articulación de clase, los medios tienen la mayor capacidad de daño y en ese sentido actúan de acuerdo a esos intereses. En la Argentina, la expresión de esa centralidad se produce cuando el Grupo Clarín asume la vicepresidencia de AEA. Esa gran asociación se consolidó en el momento de ruptura de la convertibilidad; allí se conforma esa gran asociación patronal donde Techint y Clarín son los dos máximos representantes. En el caso de Ecuador, este papel lo cumplen los sectores vinculados al sistema financiero y juegan con la misma lógica, expresando una postura muy radical opositora frente a la experiencia de un gobierno con medidas transformadoras. De manera similar, Evo Morales se enfrenta con actores políticos que están vinculados a los grandes capitales de la ‘Media Luna’. De esta manera podemos vislumbrar una dinámica muy similar en todos estos procesos de América latina.
Estas experiencias políticas transformadoras deberían contar con instrumentos para construir un mallado de herramientas comunicacionales propias, que, a su vez, se potencien a nivel regional. TeleSUR es la expresión de este mallado, pero, si bien se trata de una experiencia totalmente valorable, no deja de ser marginal, por lo menos para la Argentina. Aquí todavía estamos esperando que se imponga lo que estableció el organismo regulador que es el AFSCA, para que la señal pueda ser vista en todos los cables. La televisión digital va a ser una ventana de oportunidades para poder saltear barreras como ésta.

En referencia a la construcción de una contracultura, Álvaro García Linera, señaló que en esta secuencia existe un momento que es el “punto de bifurcación”. En Bolivia con la masacre de Pando y luego la necesidad de construcción de nuevo bloque hegemónico. En Argentina tuvimos la diputa con el grupo sojero y después una recomposición a partir de medidas muy dinámicas como la AUH, y el impulso de tres medidas radicales: el programa Conectar Igualdad, la Televisión Digital y la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual ¿Qué evaluación hace respecto a estas propuestas?

Tomadas en su conjunto resulta una propuesta cultural bastante sólida o por lo menos sienta las bases de infraestructura tecnológica para construir ese nuevo espacio cultural. No se si hay una estrategia que lo piensa en términos legales, pero sí hay una sincronía, porque todo se orienta en términos de amplitud: otorgar licencias a 200 nuevos medios, amplitud de autores y de palabra. Esto es muy valioso para constituir un nuevo lugar de ciudadanía por parte de quienes pueden acceder al conocimiento a través de esas herramientas tecnológicas, no en lo inmediato o en la experiencia educativa escolar, pero si en tanto su lugar como ciudadanos con plenos derechos de acceder a lo que debe acceder cualquier persona en Argentina.

En términos de ampliar esa capacidad de favorecer o fortalecer el derecho a la información y expresión ¿Cuáles considera que son las medidas más importantes que se han iniciado desde el 2003 a la actualidad para dar cuenta de esta problemática?

Desde el 2003 a esta parte existen varias medidas. Por ejemplo, el hecho de dar cuenta de la publicidad de leyes secretas, de todo lo actuado respecto del crimen de la AMIA en los inicios del gobierno de Kirchner, de abandonar esa cultura de mutismo, la Ley de Acceso a la Información Pública, etc. En este nuevo marco se llevaron adelante iniciativas muy importantes, pero la 125 fue el punto de inflexión para la clase dirigente y para la propia experiencia política del kirchnerismo: fue el boom para pensar el lugar de la comunicación como central en la organización social y política. A partir de ese momento se ponen en marcha las medidas más profundas y la posibilidad de transformar la estructura de los medios de comunicación. La Ley de Medios es el mapa a seguir para poder lograr esa transformación.
El desafío actual es reconocer cuales serían las medidas que permitan potenciar esta nueva herramienta. Porque la Ley es un conjunto de artículos que expresan es una voluntad y lo que hay que construir es una política que haga jugar esa voluntad. Las políticas para fortalecer a los nuevos actores sociales que van a estar a cargo de esos medios tienen que ver con formación, capacitación, financiamiento. Esto expresaría de verdad una voluntad del Estado de dar cuenta y de entender a la comunicación como un baluarte de la construcción de una sociedad más democrática. Ahora bien, considero que hay una limitación a esa capacidad de inclusión. La elección de octubre representa un punto de inflexión para ver hasta dónde se va a profundizar y potenciar esta inclusión. Existe un conjunto de medidas de lo político que viene (si bien indirectamente) de la mano de una política orientada a construir mayores condiciones democráticas. Si uno piensa el lugar de Gabriel Mariotto como Vicegobernador de la Provincia de Buenos Aires y la estrategia en el armado de los candidatos en las diferentes listas, se puede dar cuenta de la voluntad de construir una política por fuera de la dinámica más tradicional. Buena parte de eso tiene que ver con la correlación de fuerzas. Hay una proyección imaginaria de esa correlación de fuerzas y después aparecen acontecimientos que te hacen repensar. Aun así, todos suponemos que octubre va a ser como ese gran cemento de legitimidad para profundizar muchas de estas cuestiones.

A fines del año pasado se lanzó la Corriente Popular y Nacional de la comunicación ¿Cómo surge? ¿Cuáles son sus objetivos centrales?

Esa corriente nace por la impronta que implicó la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Cuando comienza a discutirse la Ley quedó claro que no se discutía una mera reglamentación para el funcionamiento de un tipo de actividad. En el centro del debate, lo que se discutía era uno de los nudos centrales de la forma de disputar y organizar poder. La dinámica de esa discusión hizo que muchos compañeros pusieran en cuestión la Ley de medios sancionada por la dictadura que -con una matriz claramente autoritaria- continuó rigiendo a la sociedad Argentina con una orientación cada vez más concentradora y a favor de los intereses más alejados de los sectores nacionales y populares.
Ese conjunto de actores que en la década de los 80 formaron parte de las experiencias de las radios comunitarias, las radios alternativas, que en los 90 se movilizaron contra la privatización de Canal 7 -actores muy visibles que eran del espacio territorial, académico y sindical- muchos de ellos desempeñaron un rol central alrededor de la discusión y sanción de la nueva Ley. Nuestra militancia de alguna manera se canalizó en torno a la discusión de este tema con el objetivo de traducir una voluntad de construir poder en términos de transformación de la sociedad. El armado de esa Corriente expresa esa vocación: nosotros venimos del espacio comunicacional y formamos parte de lo que pretende ser una voluntad política transformadora dentro de la sociedad. Los que armamos la Corriente somos de provincias y experiencias políticas muy diversas y el posicionamiento de ciertos compañeros es muy diverso. La Corriente Nacional tiene una experiencia corta en tanto espacio político, pero no por eso poco fructífera. Hay muchas expectativas en torno a lo que puede representar el lugar del futuro si se triunfa en las elecciones de octubre con el Vicegobernador de la Provincia de Buenos Aires para construir otra forma de entender la política y otra dinámica de hacer la política. En este sentido, la Provincia de Buenos Aires resulta un escenario políticamente estratégico y central para lograr nuestros principales objetivos.

El protagonismo ejercido por la dirección de la Carrera de Comunicación de la UBA al momento de criticar la cobertura de los medios monopólicos de comunicación durante conflicto por la resolución 125, puso de manifiesto que la Universidad pública puede ocupar un espacio político ante los debates públicos nacionales. Recientemente, la convocatoria de la UBA a los candidatos a Jefe de Gobierno de la CABA a un debate público volvió a situar a la universidad en un lugar de prestigio ante la ciudadanía ¿Qué impresión tiene de esta participación?

Es un tema muy complejo de abordar. Nosotros formamos parte de un espacio político y, por esta razón, la forma de intervención no puede ser pensada solo en términos objetivables, desde una óptica institucional. Cuando el Consejo Directivo de la Facultad de Cs. Sociales emitió una resolución frente a la cobertura de los medios sobre los acontecimientos que rodeaban a la “125”, esa resolución no era expresión sólo de expertos en comunicación de la UBA. Somos compañeros militando en un espacio que frente a un contexto de disputa dijimos: la Facultad de Cs. Sociales no puede quedarse callada, tiene que demandar una palabra y un posicionamiento que diera cuenta que lo que se estaba haciendo en la cobertura, más allá de la discusión sobre las retenciones. La cobertura era claramente la expresión de un interés corporativo que se expresaba de las formas más racistas. ¿Uno que podría decir? ¿Carta Abierta es ajena a la experiencia universitaria? ¿Es ajena a esa construcción política ideológica de la cual también esta Facultad forma parte? La participación de la Facultad en los debates públicos se expresa de muchas maneras y hay que tener en cuenta que la Universidad pública en su interior refleja ciertas tensiones, disputas e intereses de actores sociales y políticos muy diversos. A nosotros, como espacio político, muchas de las cuestiones que lleva adelante la Universidad de Buenos Aires no nos representa. Cuando hablo de “nosotros” me refiero al espacio político que -por lo menos en la experiencia más inmediata- integramos un conjunto de graduados, docentes y profesores de la carrera de Comunicación que venimos trabajando desde mediados de la década del 90 y compartiendo una línea de intervención. La Universidad de Buenos Aires es otra cosa. Si pensáramos acerca de cuál debería ser la función de la Universidad, considero que lo más valioso sería entender que dentro de esa pluralidad se pueda dar cuenta de la expresión de todos esos actores.
Podemos decir que en la Facultad de Sociales, desde el año 2002, nuestro espacio político (la Agrupación NEXO, Graduados y Docentes de Comunicación) comparte la experiencia de gestionar. Hemos venido asumiendo un compromiso político en torno a los intereses de los sectores nacionales-populares de manera muy consecuente y valiente. Esto es algo que tenemos que seguir sosteniendo. Sin embargo, podemos decir que esto todavía no se expresa en la Universidad de Buenos Aires en su conjunto.

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